Carta abierta a mi
nieto
Juan Gelman
Guía de análisis
1.
Vas a leer la "Carta abierta a mi
nieto", que el autor argentino Juan Gelman escribió en 1995. Previamente,
averiguá quién fue Juan Gelman y cómo se relaciona su historia familiar con los
hechos ocurridos durante la última dictadura cívico-militar en Argentina.
Redactá un breve texto sobre el autor con la información más relevante que hayas
encontrado (diez líneas aproximadamente). Podés intercambiar información con
tus compañeros y ver estos videos:
https://www.youtube.com/watch?v=35eaK4qZsCU
https://www.youtube.com/watch?v=rUMYIUyxSe8
https://www.youtube.com/watch?v=Uv6BELRghg8
2.
Averiguá qué es una carta abierta y escribí una
breve definición.
3.
Leé la carta. Subrayá las frases que llamen tu
atención y, si así lo deseás, escribí anotaciones al costado de los párrafos,
con cualquier observación o reflexión que quieras hacer. Comentá con tus
compañeros qué te resultó llamativo. Copiá al menos dos frases que te hayan
impactado (recordá copiar las frases entre comillas).
4.
Releé el primer párrafo y realizá un resumen de
no más de cinco líneas con la información fundamental sobre las circunstancias
del nacimiento del/la nieto/a del autor: ¿qué es lo que Juan Gelman sabía en
concreto sobre cuándo, cómo y dónde había nacido su nieto/a?
5.
Indicá si las siguientes afirmaciones sobre el segundo
párrafo son verdaderas o falsas. Corregilas en el segundo caso.
A.
El autor experimenta sentimientos contradictorios
cuando piensa en la posible familia de crianza de su nieto/a.
B.
El autor tiene la certeza de que su nieto/a fue
adoptado por un militar o un policía.
C.
El autor espera que, a pesar de las circunstancias
de la adopción, su nieto/a haya sido criado con amor.
D.
El autor cree que seguramente hay una falla en el
amor que la familia de crianza tiene por su nieto/a, fundamentalmente debido al
hecho de que no es la familia biológica.
6. Explicá con tus
palabras las siguientes frases de los párrafos 3 y 4:
A.
"Me preocupaba que padecieras así una doble
herida, una suerte de hachazo en el tejido de tu subjetividad en
formación." (Párrafo 3)
B.
"Para reconocer en vos a mi hijo y para que
reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él."
(Párrafo 4)
C.
"Para darte tu historia, no para apartarte
de lo que no te quieras apartar." (Párrafo 4)
7.
Discutí las siguientes preguntas con tus compañeros
y luego escribí tus propias respuestas:
A.
¿A qué sueños creés que se refiere el autor en el
párrafo 5? ¿Por qué creés que afirma que esos sueños no se cumplieron?
B.
. Analizá el último párrafo. ¿Por qué creés que,
después de plantear una serie de dudas, el autor cierra su carta con la
siguiente frase: "el encuentro de un abuelo que te espera"?
C.
Imaginá
cómo se podrá sentir alguien que escribe una carta a un destinatario que quizá
nunca llegue a leerla. ¿Qué creés que lo puede motivar a hacerlo?
8.
Si no incluiste esta información en el punto 1,
averiguá si finalmente Juan Gelman pudo encontrar a su nieto/a y, en tal caso,
cuándo y cómo lo hizo.
Carta abierta a mi
nieto
Juan Gelman
Dentro de seis meses cumplirás
19 años. Habrás nacido algún día de octubre de 1976 en un campo de
concentración. Poco antes o poco después de tu nacimiento, el mismo mes y año,
asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a menos de medio metro de
distancia. Él estaba inerme y lo asesinó un comando militar, tal vez el mismo
que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en Buenos Aires y los llevó al
campo de concentración Automotores Orletti que funcionaba en pleno Floresta y
los militares habían bautizado “el Jardín”. Tu padre se llamaba Marcelo. Tu
madre, Claudia. Los dos tenían 20 años y vos, siete meses en el vientre materno
cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron -y a vos con ella- cuando estuvo a
punto de parir. Debe haber dado a luz solita, bajo la mirada de algún médico
cómplice de la dictadura militar. Te sacaron entonces de su lado y fuiste a
parar -así era casi siempre- a manos de una pareja estéril de marido militar o
policía, o juez, o periodista amigo de policía o militar. Había entonces una
lista de espera siniestra para cada campo de concentración: Los anotados
esperaban quedarse con el hijo robado a las prisioneras que parían y, con
alguna excepción, eran asesinadas inmediatamente después. Han pasado 12 años
desde que los militares dejaron el gobierno y nada se sabe de tu madre. En
cambio, en un tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron con
cemento y arena y arrojaron al Río San Fernando, se encontraron los restos de
tu padre 13 años después. Está enterrado en La Tablada. Al menos hay con él esa
certeza.
Me resulta muy extraño hablarte
de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que
naciste. Me lo aseguró el padre Fiorello Cavalli, de la Secretaría de Estado
del Vaticano, en febrero de 1978. Desde entonces me pregunto cuál ha sido tu
destino. Me asaltan ideas contrarias. Por un lado, siempre me repugna la
posibilidad de que llamaras “papá” a un militar o policía ladrón de vos, o a un
amigo de los asesinos de tus padres. Por otro lado, siempre quise que,
cualquiera hubiese sido el hogar al fuiste a parar, te criaran y educaran bien
y te quisieran mucho. Sin embargo, nunca dejé de pensar que, aun así, algún
agujero o falla tenía que haber en el amor que te tuvieran, no tanto porque tus
padres de hoy no son los biológicos -como se dice-, sino por el hecho de que
alguna conciencia tendrán ellos de tu historia y de cómo se apoderaron de tu
historia y la falsificaron. Imagino que te han mentido mucho.
También pensé todos estos años
en qué hacer si te encontraba: si arrancarte del hogar que tenías o hablar con
tus padres adoptivos para establecer un acuerdo que me permitiera verte y
acompañarte, siempre sobre la base de que supieras vos quién eras y de dónde
venías. El dilema se reiteraba cada vez -y fueron varias- que asomaba la
posibilidad de que las Abuelas de Plaza de Mayo te hubieran encontrado. Se
reiteraba de manera diferente, según tu edad en cada momento. Me preocupaba que
fueras demasiado chico o chica -por ser suficientemente chico o chica- para
entender lo que había pasado. Para entender lo que había pasado. Para entender
por qué no eran tus padres los que creías tus padres y a lo mejor querías como
a padres. Me preocupaba que padecieras así una doble herida, una suerte de
hachazo en el tejido de tu subjetividad en formación. Pero ahora sos grande. Podés
enterarte de quién sos y decidir después qué hacer con lo que fuiste. Ahí están
las Abuelas y su banco de datos sanguíneos que permiten determinar con
precisión científica el origen de hijos de desaparecidos. Tu origen.
Ahora tenés casi la edad de tus
padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en
los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable
para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer
en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos
somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio
que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu
historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande,
dije.
Los sueños de Marcelo y Claudia
no se han cumplido todavía. Menos vos, que naciste y estás quién sabe dónde ni
con quién. Tal vez tengas los ojos verdegrises de mi hijo o los ojos color
castaño de su mujer, que poseían un brillo especial y tierno y pícaro. Quién
sabe cómo serás si sos varón. Quién sabe cómo serás si sos mujer. A lo mejor
podés salir de ese misterio para entrar en otro: el del encuentro con un abuelo
que te espera.
12 de abril de 1995